La historia de la boxeadora que colgó los guantes para custodiar presos

Katherine Amigo Riquelme, de 22 años, obtuvo la máxima distinción en la graduación de 1.081 nuevos gendarmes efectuada esta semana.

Foto: Leonardo Núñez, Emol

SANTIAGO.- Convertirse en gendarme tras el trágico incendio en la cárcel de San Miguel, que en diciembre de 2010 dejó a 81 reos muertos, no parece a simple vista una alternativa profesional atractiva. Menos para una mujer.

Sin embargo, tal prejuicio se derrumba al escuchar a Katherine Amigo Riquelme. Esta semana, junto a 1.081 estudiantes, esta joven de 22 años se graduó como la mejor alumna de la Escuela de Formación Penitenciaria, quedando capacitada para custodiar presos.

Cuenta a Emol que no le teme a lo que pueda encontrar dentro de una cárcel porque está acostumbrada a enfrentar situaciones difíciles.

“Cuando tenía 15 años, me metí a estudiar boxeo al club que tiene Sergio Godoy en el gimnasio de La Pintana. Don Claudio, que era muy viejito, me enseñó a pelear bien. Gané 3 peleas por nocaut, una en un torneo al aire libre en Departamental y con harto público. Era por amor al arte no más porque no me pagaban”, recuerda.

Aunque por presión familiar debió colgar los guantes, el entrenamiento físico le sirvió mucho cuando descubrió su vocación. En un viaje a Arica, hasta donde llegó para dejar atrás una decepción amorosa, un primo gendarme le contó cómo era su trabajo en la cárcel de Pozo Almonte y sobre cómo debió lidiar con un motín. Entonces Katherine se dio cuenta que era eso lo que quería hacer el resto de su vida.

“Me gustaba la idea de usar uniforme en una institución disciplinada y jerarquizada. Postulé y pasé sin problemas los test físicos y las entrevistas personales”, dice, reconociendo que no esperaba recibir el reconocimiento de primera antigüedad (equivalente a la mejor alumna), ya que en su promoción se habían inscritos profesores, una ingeniero civil y hasta su pololo, un militar de profesión que se metió a la Escuela de Formación Penitenciaria para no separarse de ella.

“En la escuela estuve internada ocho meses, las dos primeras semanas no podíamos salir. Después nos daban franco sólo los fines de semana. Al principio nos aporreaban harto, nos hacían hacer punti-codo. Pero te vas acostumbrando. Lo más difícil fue vencer el pudor que se siente al compartir una pieza con 50 mujeres, durmiendo en literas donde dormían tres personas una arriba de la otra. No había pasado por eso”.

 

Cambio histórico

Pero lo más difícil viene ahora, dice su compañero de promoción, Daniel Andrés Tapia (21), hijo de un suboficial mayor retirado de gendarmería.

“Los primeros años de egresado empieza el verdadero aprendizaje. Te toca hacer garita para vigilar los patios de las cárceles, y debes estar encerrado la mayor parte del tiempo conociendo los presos”, explica.

La promoción que integran Katherine y Daniel representa un cambio histórico en los 81 años de Gendarmería de Chile. La graduación de 1.081 nuevos custodios se enmarca en el proceso de modernización de la institución, que se lleva a cabo desde la promulgación en 2010 de la ley 20.426, que permitió aumentar la dotación de personal tras la crisis que se vive por el aumento de la población penal que gatilló la reforma procesal penal.

Katherine conoció parte de esa realidad en su práctica en una cárcel: “No me dio tanto miedo entrar, empecé a tiritar al principio, pensé que me iban a gritar polla. Pero fuimos acompañadas por una cabo, que nos presentaba los módulos de las condenadas, la lactancia. En las dos semanas de práctica, no tuve incidentes complicados. Cuando iba al ‘desentierro’ (hora de levantarse), las presas se bañaban, se peinaban solitas y me saludaban con un ‘hola, cabo, usted es nueva'”.

En su caso, señala que recomendaría estudiar para ser gendarme: “Es una buena opción de estabilidad laboral. Hay varios beneficios. Podemos atendernos en el hospital de Carabineros, hay lugares para irse de vacaciones y convenios con algunas universidades”.

En el futuro cercano, Katherine pretende trabajar en labores administrativas para poder cursar Derecho en horario vespertino. Dice que está esperanzada en que en su caso se respete la tradición de la “primera antigüedad”, a quien se le permite elegir el lugar donde partir para desempeñarse profesionalmente.

“Con turnos de noche en la cárcel me complicaría mucho el estudio”, señala, sin perder la esperanza de que se revierta la decisión de sus superiores que la asignaron a la ex Penitenciaria de Santiago.

Fuente: Emol